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En este mes en el que se celebra el Día Mundial del Cáncer, hay que tomarnos un minuto en el camino para reflexionar sobre cada uno de nosotros y esta enfermedad. Es importante que entendamos que cada uno tiene el poder de reducir el impacto del cáncer de forma propia y para las personas que amamos.
Según la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), cada año 9,6 millones de personas mueren de cáncer, cifra que supera las muertes por VIH/SIDA, malaria y tuberculosis en conjunto; para el año 2040, los expertos estiman que la cantidad de muertes por cáncer se elevará a 16,5 millones. Por tanto, nuestra expectativa de vida que aumenta, unido a la genética, nuestro comportamiento y los cambios ambientales que se producen, nos permiten afirmar que la posibilidad de que tengamos cáncer o que un ser cercano lo padezca es muy alta, casi cercana al 100%. Por tanto, es mejor tomar medidas para ello y como reza un lema de prevención: es mejor estar preparados para algo que nunca sucederá, a que suceda algo para lo que no estamos preparados.
Esta reflexión, aunque puede servir a las personas que lo padecen o que en sus familias se haya presentado el cáncer, está dirigida principalmente a quienes no lo hayan tenido.
Lo primero es mantener hábitos de vida saludables, que disminuyan el riesgo del cáncer o permitan su diagnóstico temprano. Más de un tercio de los casos de cáncer se pueden prevenir. Otro tercio se pueden curar si se detectan en forma temprana y se tratan adecuadamente. La UICC estima que al implementar estrategias con recursos apropiados para la prevención, la detección temprana y el tratamiento, podemos salvar hasta 3,7 millones de vidas por año.
A manera de ejemplo como hábitos de prevención se identifican: No fumar ni consumir cualquier tipo de tabaco, reducir el consumo de alcohol, controlar el peso, hacer actividad física periódica, comer mayor cantidad de alimentos vegetales o de origen vegetal, disminuir el consumo de carne roja, de azúcar y carbohidratos, evitar la exposición prolongada o intensa al sol, decir sí a la lactancia materna, vacunarse y vacunar a sus hijos e hijas (Hepatitis B y Papiloma).
Y como hábitos para el diagnóstico temprano para todas las personas en general, es importante consultar de manera prioritaria al médico si presentan pérdida de peso inexplicable, cansancio extremo no explicable, cambios en la piel, cambios súbitos o progresivos en la deposición o la orina, heridas que no cicatrizan especialmente en la boca, sangrados inexplicables por un golpe o enfermedad conocida, endurecimiento de una masa en el cuerpo, dificultad para tragar, tos o ronquera persistente.
Si somos hombres debemos tener control con el urólogo y solicitar el tacto de próstata después de los 40 años o cuando tengamos dificultad para orinar, además de hacer nuestro autoexamen de testículo para detectar masas. Si somos mujeres realizar anualmente la citología vaginal y el autoexamen de senos.
Los organismos internacionales consideran que al aumentar la alfabetización pública y política, así como el entendimiento del cáncer, reducimos el miedo, aumentamos la comprensión, destruimos mitos o conceptos erróneos, cambiamos comportamientos y actitudes, para lograr mejores y más oportunos tratamientos. Debemos superar nuestros temores, ir a tiempo al médico, así como seguir las indicaciones. Si nuestra EPS nos pone barreras para el diagnóstico y tratamiento, usar todas las herramientas que la ley nos da para superarlas. Al fin, como dijo del filósofo Romano Séneca (4 A. de C. – 65 D.C): "El deseo de sanarse siempre ha sido la mitad de la sanación".
Si ya tenemos el diagnóstico, recordar que unos cánceres son curables y otros no. Los que son curables nos exigen tratamientos de cirugía, radioterapia y quimioterapia, con frecuencia fuertes y complejos, por ello hay que prepararse para la lucha, así como asesorarse muy bien médicamente. Y si no es curable prepararnos para un fin de vida con calidad y una muerte digna, solicitando los tratamientos paliativos que se requieran y en especial llenándonos de amor por todos, perdonando y solicitando perdón, lo que nos ayuda a tener un equilibrio y paz espiritual. Esto también es muy útil incluso en quienes sobrevivirán a la enfermedad.
Es clave afrontar el manejo de los cánceres difíciles o de los incurables hablando francamente con nuestra familia y cuidadores sobre lo que queremos para los momentos finales, sobre nuestra voluntad y dejar en orden nuestros asuntos, de manera que si fallecemos, no dejemos a nuestros seres queridos, además del dolor por la partida, problemas que podemos prevenir. Y como todo tiene su lado bueno, recordemos lo que dijo la célebre actriz Olivia Newton-John, diagnosticada con cáncer de mama en 1992: "El susto de mi cáncer cambió mi vida. Estoy agradecida por cada día que tengo. Me ha ayudado a priorizar mi vida".